Con apenas 172 000 habitantes y asentada sobre una bahía que mezcla rellenos antrópicos, marismas colmatadas y calizas karstificadas, Santander plantea un rompecabezas geotécnico en cada obra. Hemos visto proyectos donde la profundidad del sustrato rocoso varía tres metros en menos de veinte de distancia, y ahí un sondeo aislado sencillamente no basta. El ensayo CPT con punta eléctrica y piezocono resuelve esa incertidumbre: obtiene un perfil continuo de resistencia en punta, fricción lateral y presión intersticial sin alterar la muestra. En nuestra experiencia en la capital cántabra, combinarlo con calicatas exploratorias en zonas de relleno o con un sondaje SPT donde hay bolos de caliza permite contrastar lecturas y afinar el modelo de terreno antes de decidir la cota de apoyo.
Un CPT bien ejecutado en suelos blandos de estuario puede distinguir láminas de arena de apenas cinco centímetros que un SPT jamás detectaría, y ese detalle cambia el cálculo de asientos.



