En Santander, la combinación de lluvias persistentes y la geología del flysch crean un escenario donde la estabilidad de laderas no admite aproximaciones. Más del 35% de los deslizamientos registrados en Cantabria se vinculan a cortes en materiales cretácicos alterados, según datos del IGME.
Nuestro equipo técnico ha intervenido en taludes desde Peñacastillo hasta la cornisa de El Sardinero, y la constante es la misma: sin un modelo geológico bien definido, cualquier cálculo de factor de seguridad se vuelve una apuesta. Integramos el reconocimiento de campo con ensayos de laboratorio —como el ensayo triaxial para obtener la envolvente de resistencia en condiciones drenadas— y correlaciones locales de resistencia al corte. Aplicamos el Eurocódigo 7 (EN 1997-1:2004) en todos los análisis, ajustando los coeficientes parciales a la tipología de obra y al nivel freático medido in situ. Santander exige un enfoque donde la hidrogeología y la estratigrafía mandan: aquí no basta con asumir cohesiones de bibliografía.
En el flysch de Santander, la estabilidad la define la orientación de las juntas, no solo la resistencia de la matriz rocosa.



