En Santander, la UNE-EN ISO 17892-4:2017 establece el procedimiento para determinar la distribución del tamaño de partículas, y su cumplimiento es la primera barrera técnica de cualquier proyecto que toque el terreno. La ciudad se asienta sobre un sustrato geológico variado: las calizas cretácicas afloran en la península de la Magdalena y Cabo Mayor, mientras los valles de Peñacastillo y Camargo acumulan espesores de limos y arcillas que exigen análisis con hidrómetro más allá del tamiz 0,063 mm. Una curva granulométrica mal definida en Santander se traduce en diseños de filtros que colmatan y drenajes que fallan en invierno, cuando la precipitación media supera los 1.200 mm anuales. Por eso, al planificar una cimentación en la vaguada de Las Llamas o un vial en la S-20, combinamos el ensayo granulométrico con el ensayo CPT para correlacionar estratigrafía continua sin perder detalle en finos. Las muestras se procesan en laboratorio con control de temperatura y dispersante químico, y el resultado es una curva que el proyectista usa directamente en modelos de permeabilidad y compactación.
Un 5% de finos no detectado cambia la permeabilidad en un orden de magnitud — en Santander, con 1.200 mm de lluvia al año, ese error se paga en invierno.



