Con una población que supera los 170.000 habitantes y una orografía donde las colinas se precipitan hacia el mar Cantábrico, Santander demanda infraestructuras viales que soporten tanto el tráfico urbano como la agresividad del ambiente marino. El diseño de pavimento flexible en esta ciudad no puede ser una receta estándar; la combinación de suelos residuales, rellenos antrópicos en zonas ganadas al mar y las persistentes lluvias obligan a un análisis detallado de la capacidad de soporte. Hemos visto cómo proyectos sin una caracterización geotécnica adecuada presentan deformaciones en los primeros años. Para evitar estos problemas, es clave realizar ensayos de penetración complementarios como el ensayo CPT, que permite identificar la estratigrafía de forma continua sin alterar la muestra.
El módulo de resiliencia de la subrasante no es un número fijo: en Santander varía drásticamente entre el verano seco y el invierno lluvioso.



